AMA GORDA


Hola. Somos dos hermanas, Mercedes y Celia, las dos muy dominantes.
Celia pesa alrededor de cien kilos y yo unos ciento veinte o ciento veinticinco. No somos rellenitas, gruesas ni obesas. Somos gordas y nos gusta presumir de ello.
Por medio de los foros y chats de internet contactamos con vosotros, los sumisos, que sois los hombres, si se os puede llamar así, ja, ja, ja, más divertidos que hay en el mundo.
Cuando encontramos uno que nos interesa, primero lo sometemos, siempre por internet, a nuestros test «secreto» para comprobar si realmente es lo que dice ser, porque en internet hay mucho farsante.
Una vez comprobado, le pedimos una serie de fotos con la ropa que nosotras le vayamos diciendo, y así sabemos que no es uno de esos que te mandan una foto que no es suya.
Desde que estamos seguras de que es lo que buscamos, nos citamos con él.
Nuestra especialidad, como gordas que somos, son los sumisos bajitos, flacos y muy poca cosa. Para entendernos: los que no tienen ni media hostia, porque a su lado nuestra gordura destaca y se vuelve más imponente.
Tendríais que verme cuando, con mis ciento veinte kilos, cojo a uno de estos mierdecillas en un rincón de la pared y lo voy apretando con mi cuerpo hasta empotrarlo en el muro y desaparece completamente de la vista.
O cuando lo colocamos de pie en el medio de la habitación y nos ponemos Celia por delante y yo por detrás y lo emparedamos abrazándonos las dos y se vuelve invisible entre nuestras carnes, pues si entrase alguien no se daría cuenta, salvo por las piernas, de que esa cascarria de hombre está allí, entre nosotras.
Pero con lo que más disfrutamos es sentándonos en su cara. Celia pone sus enormes nalgas encima de la jeta del tío, con la nariz en el agujero del culo, y presiona. Y ahí viene lo divertido, porque el mierdecilla no puede respirar y empieza a ponerse colorado y quiere librarse, pero los cien kilos de Celia en la cara y los ciento veinte míos en la pierna se lo impiden, y nos petamos las dos de risa al ver sus esfuerzos.
De vez en cuando le toco a Celia para que se levante un poco y lo deje coger una bocanada de aire, y ya de paso le pego un par de bofetones al enclenque para que recobre bien el sentido antes de proseguir con el juego y de meter nuevamente su nariz en el agujero del culo de Celia.
La falta de aire hace que la polla del mierdecilla se ponga muy dura, y para compensarlo se la meneo, porque en el fondo todas las amas somos buenas con nuestros perritos cuando estos saben divertirnos y hacernos pasar una buena tarde como es el caso de estos mierdecillas flaquitos que Celia y yo adoramos.
¿No te gustaría estar ahora mismo debajo de mis nalgas?

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PD Esta es una de las páginas de sumisos más elegante y de buen gusto que hemos visto hasta hoy.
Felicidades.
C y M
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