SUMISO, CORNUDO Y LAMECULOS

Soy sumiso y estoy casado con mi ama, lo cual, como todos los sumisos que están en mis circunstancias saben, significa que además de sumiso soy cornudo, pero no me importa porque adoro a mi mujer y creo que ella tiene derecho a follar con quien quiera y a ponerme los cuernos cuantas veces le dé la gana, que son muchas porque es joven y caliente, así como creo que sus amigos y amigas tienen derecho a burlarse de mí y a llamarme cornudo sin disimular las risas. Yo me conformo con que mi mujer me permita de cuando en cuando lamerle el culo, que es mi mayor placer y también el suyo.

Algunas noches hace exhibiciones ante sus amigas, algunas de ellas lesbianorras-machorras de bastante mala hostia, para que vean lo bien que sé lamerle el culo. En esas ocasiones me desnuda totalmente en el salón delante de ellas, me pone a gatas en el suelo y me mete por el culo un consolador que termina en un pompón, por lo que, una vez dentro, parece que tengo un rabito natural de perro amariconado y así me muevo entre sus amigas.
Ella se pone de pie, vestida únicamente con un camisoncito transparente que apenas le cubre las nalgas y me señala su culo para indicarme lo que he de hacer.
Avanzo a cuatro patas como un perrito hasta llegar junto a ella, me quedo de rodillas por detrás y le levanto el camisón para dejar al descubierto sus bellos glúteos, llenos y redondos. A continuación, tembloroso y emocionado, aparto lentamente sus nalgas hasta que queda bien visible el agujerito, el anillo pardo de su culo que se entreabre un poco esperando la visita ardiente de mi lengua. Ella también está excitada porque puedo ver cómo los jugos íntimos le resbalan a lo largo de las piernas hasta los tobillos. Los olores de su trasero y de su chocho me invaden y eso me excita enorme y dolorosamente, porque mi ama, en estos casos, antes de empezar las exhibiciones ante sus amigas, me lía la polla flácida con precinto de embalar por lo que los conatos de erección son frustrantes y penosos.

Saco la lengua, la aproximo al valle carnoso y lamo ligeramente la rosa marrón, íntima y cerrada, el ano adorado que tiene una piel olorosa y suavísima. Siento en mis labios las pequeñas rugosidades y la carne de gallina que el intenso placer le pone a mi ama. Paso repetidamente la lengua desde el coño por todo el canal trasero y luego, abrazando sus muslos, mi lengua penetra dentro de su ojete chupando y lamiendo y llenándome la boca de un sabor exquisito que sólo los sumisos sibaritas sabemos apreciar. Un sabor y un olor que el sudor de mi ama potencia hasta hacernos enloquecer a los dos.
Me duelen las rodillas pero no puedo sacar la lengua de dentro del ano de mi ama, que presiona el culo hacia atrás para que mi lengua entre a tope, y balancea las caderas de placer. El sudor y los líquidos se acentúan y me emborrachan.
Sus movimientos de caderas aumentan y me separo un poco para contemplar la flor marrón, abierta, mojada y sudorosa, del culo de mi mujer.
—Méteme toda la lengua en el culo, cabrón. Métela entera —grita ella acercándose al orgasmo.

Tal como me ordena, mi lengua penetra de nuevo en el delicado estuche de piel que es el culo de mi ama, y el estuche se cierra en torno a ella. Noto de inmediato un fuerte sabor picante y algo amargo. Muy excitado aparto los glúteos cuanto me es posible para que mi lengua penetre muy adentro, al tiempo que mi mujer presiona fuerte el culo hacia atrás para que mi lengua se incruste en su interior.
—¿Notas mi mierda, cornudo? —me dice para diversión de las amigas que nos miran—. Venga, chúpala, saboréala.
Aprieta tanto su culo contra mi boca que casi me asfixia.
Cuando la oigo gemir profundamente empiezo a masajear su chocho para darle el placer completo que todo sumiso le debe a su divina ama a la vez que le meto la lengua hasta la raíz y así seguimos hasta que ella tiembla y se deja caer sobre mí en medio de un orgasmo escandaloso.
Sus amigas aplauden y ríen y me mandan que les muestre la lengua, que está marronácea después de haber rozado la mierda divina de mi mujer. Sin cortarse un pelo le piden permiso para que les haga una demostración práctica de mis habilidades linguales. Se ponen de espaldas delante de mí, se bajan el pantalón y las bragas y colocan sus culos adorables y blancos a la altura de mi boca para que mi lengua los perfore.
He llegado a lamer hasta seis culos diferentes en una misma velada y aunque las amigas feliciten a mi mujer por mi destreza, esta les dice:
—Sí, va aprendiendo, pero quiero que su lengua entre mucho más adentro de mi culo y para eso tendré que continuar estirándosela.
Como fin de fiesta, siempre que mi mujer tiene un nuevo amante al que yo aún no conozco, me presenta:
—Este es mi marido, ni esclavo, mi criado, y no sólo sabe chupar culos, también le gusta mamarse una buena polla.
Le baja la cremallera, le saca el rabo y me lo mete en la boca para que se lo ponga tieso. Luego las amigas se van y mi mujer y su amante entran en la habitación para follar.
No me importa que me ponga los cuernos tan descaradamente porque soy un cornudo consentido y adoro a mi mujer, a mi ama. Por eso, en vez de lamentarme por mi cornamenta, mientras ellos follan me sujeto la punta de la lengua con una pinza especial y tiro de ella durante un par de horas para alargármela, tal como mi mujer me ordenó. Así, la próxima vez, la podré meter aún más adentro de su culo para que se excite y corra a ponerme los cuernos con cualquiera.
J.V.

4 comentarios:

Hari dijo...

muy imaginativo el relato, lastima que no haya mujeres asi, lo que dariamos por una buena ama....

Anónimo dijo...

Hari hay amas asi pero son muy caras

Cornudo Pendejo dijo...

Somos una pareja de la Ciudad de México y yo también soy un cornudo. Mi esposa me ha confesado que prefiere coger con otros hombres que conmigo, pues yo no la satisfago (soy eyaculador precoz). De hecho, se ha estado viendo con un hombre que hace años fue su jefe y siempre le ha atraído; él ya le confesó que quiere algo con ella y ella está muy emocionada con la posibilidad de ser su amante. Se van a ver la semana entrante y, seguramente, empezarán una relación en la que me pondrán los cuernos ocasionalmente. La puta de mi esposa me dijo que quiere que yo les sirva a ambos y, como ella no sabe manejar, que la lleve a los hoteles y al departamento de su amante, donde le va a dar las nalgas, así como que pase por ella cuando hayan terminado. Desde luego, yo acepté servirles en todo lo que se les ofrezca. A pesar de que lo más seguro es que mi esposa tenga un amante fijo de aquí en adelante, es tan perra que quiere seguir dándoles las nalgas a otros, como lo viene haciendo desde que somos novios, por lo que te invito a verme tú también la cara de pendejo y que te cojas a mi esposa. Escríbenos a putonaycornudo@live.com.mx, para ponernos de acuerdo.

Spanish Braveheart dijo...

y dale, otro enfermo... lo que quereis no son amas sino psicópatas.

quereis que os feminicen con lo cual no sois heteros, quereis que os traten como esbirros, con lo cual no sois humanos, quereis que os pongan los cuernos, con lo cual no sois personas amadas... sois unos desgraciados, por suerte no todos los sumisos somos como vosotros.