BAJO LOS PIES DE UNA MUJER

Como en el caso de muchos otros testimonios que he leído, yo descubrí en la adolescencia mis inclinaciones masoquistas y fue de una forma casual, como vais a ver.
Había ido con mi familia a una urbanización cerca de Benicasim en la que solíamos pasar el verano junto con otras familias, algunas de ellas también de Aragón.
Nosotros solíamos llegar de los primeros, a principios de julio, y entonces había poca gente porque la mayoría empezaba a llegar a mediados y a finales de mes, que era cuando nos juntábamos un grupo de unos veinte tíos y tías que pasábamos la tarde en la playa y la noche de marcha, la mayoría de las veces por la calle porque en las discotecas a algunos no nos dejaban entrar por la edad (yo tendría unos quince años, no lo recuerdo exactamente) pero lo pasábamos de puta madre.
Entre la poca gente que había venido estaba mi amiga Mari, que tenía más o menos mi edad, y su hermano Paco, que tendría unos diecisiete años.

Mari no estaba mal pero a mí no me gustaba mucho, aunque era bastante cachonda y de las que te permitían algún roce siempre y cuando no te pasases demasiado, eso a mí, porque el año anterior, a Joan, uno de Oropesa que subía a Benicasim de marcha, casi todas las tardes se la meneaba en la playa, debajo de la toalla, en medio de toda la gente. Yo también le insinué que me lo hiciese pero me dijo que me la cascase yo si quería.
Aquel año había venido con ellos una tía de unos dieciséis o diecisiete años que se llamaba Pilar y que, aunque suene a coña, por lo de Pilar, era de Zaragoza.
Pilar era normalita, quiero decir que no destacaba por su belleza o por un cuerpo escultural pero tenía un buen polvo y mucha jeta.
Una tarde empezamos a jugar los cuatro a uno de esos juegos en que alguien propone una pregunta y el que falla debe obedecer una orden o cumplir una especie de castigo.
Para que la orden no fuese directa de una persona a otra, porque si no podría coincidir que Mari tuviese que mandarle a su hermano Paco hacer algo, o viceversa, lo cual los cortaría bastante, las órdenes o castigos se proponían todas por adelantado y se escribían cada una en un papelito que luego se doblaba. Los papelitos se separaban en dos grupos, uno para las tías y otro para nosotros. Hecho eso cogíamos por turno un diccionario de la lengua y le preguntábamos a uno cualquiera de los otros el significado de una palabra. Si no la sabía, y nunca la sabía porque todos escogíamos palabras que no habíamos oído en nuestra puta vida, el elegido debía escoger al azar uno de los papelitos de castigos y hacer lo que en él se le dijese.

Yo fallé la pregunta que me hizo Mari, cogí mi papel, lo desdoblé y… casi me cago. Mi castigo consistía en desnudarme completamente, ponerme unas braguitas y quedarme así hasta que terminase el juego y nos fuésemos a cenar.
Las bragas, que no sé de dónde salieron, eran bastante pequeñas, así que tuve colocar bien la polla para que quedase cubierta, lo que tampoco fue muy difícil porque con el corte que me daba estaba bastante encogida.
Poco después era Paco quién fallaba y cogía el papel. Su castigo consistía en que Pilar se sentase sobre él. Paco se tumbó en el suelo y Pilar primero se arrodilló y luego se sentó sobre el vientre y estómago de Paco.
Al verla así, tan sonriente, se me puso dura de golpe, de lo que ella se dio cuenta de inmediato porque toda la polla se me disparó fuera de las bragas, que ya apenas me tapaban los cojones, y se echó a reír a carcajadas y le señaló mi polla a Mari que también se descojonó de risa.
Pilar ya no dejó de mirarme, ni a mí ni a mi polla, que seguía súper tiesa, y dijo:
—Me parece que ya sé el próximo castigo que le vamos a poner al tontito. (A partir de aquel momento, no sé por qué, siempre me llamó el tontito).
Dicho y hecho, en la próxima pregunta, que ni me molesté en contestar, Pilar me dijo que no cogiese ningún papel porque mi castigo sería servirle de felpudo.
Me acosté en el suelo, mirando al techo y Pilar se puso de pie sobre mí.
Nunca olvidaré aquel momento. Lo primero por la perspectiva al verla d
esde bajo, algo completamente nuevo para mí, sus largas piernas, las sombras bajo la falda, el relieve de las tetas y su cara arriba del todo, como la cara de un diosa. Los que hayáis estado tirados en el suelo alguna vez con una mujer de pie sobre vosotros entenderéis perfectamente de lo que hablo, y a los sumisos que nunca lo hayáis probado, os lo aconsejo porque es una sensación de sometimiento única. A eso hay que añadir el peso, que aumenta la sensación de sometimiento, y ya es la hostia.
Todo aquello y con quince años supongo que es fácil adivinar cuál fue la consecuencia.
Sí, me corrí allí mismo como un cerdo mirando sus piernas, bastante gordezuelas, el bulto de sus tetas y su cara sonriente, por lo que durante un tiempo tuve que aguantar las bromitas de Paco.
En los días siguientes repetimos el juego, pero sin que Paco estuviese presente, solo Mari, Pilar y yo, y siempre terminé sirviéndoles de felpudo con gran placer por parte de ellas y sobre todo de la mía, pues para mí aquello se había convertido en tal obsesión que algunos días llegaba a pajearme hasta ocho veces pensando en Pilar y en el momento en que ella se pusiese de nuevo de pie sobre mi cuerpo desnudo, y digo desnudo porque, cuando no había nadie más en la casa, lo primero que Pilar me decía antes de subirse sobre mí era:
—Tontito, en pelotas.
Algunas veces se ponía zapatos de tacón y me presionaba un poco con ellos, y eso, que al principio era molesto y doloroso, luego aumentaba mi placer, aunque ya nunca me volví a correr delante de ella, como el primer día, porque en cuanto notaba que estaba muy excitado me pisaba la polla a la vez que me clavaba el tacón en los cojones y el dolor me cortaba momentáneamente la excitación.
Fueron unas vacaciones de puta madre.
El día antes de irse Pilar le dijo a Mari:
—Hazme una foto de recuerdo con el tontito de felpudo.
Me tumbé en el suelo y ella se puso de pie muy sonriente sobre mi cabeza mientras Mari nos hacía varias fotos.

3 comentarios:

Hari dijo...

me gusta tu blog, tus relatos, tus cosas, sigue con el

SSA dijo...

Gracias.

Anónimo dijo...

donde se encuentran mujeres así?
Yo quiero una!!!!!!