LOS CUERNOS DE MI MARIDO


El Cornudo había superado la prueba y yo por fin tenía lo que quería: un sumiso para mí solita, o sea, el marido ideal. Decidí casarme con él.
La noche de nuestra boda, cuando casi de madrugada llegamos al hotel, él iba muy feliz. Era lógico. Hasta aquel momento le había permitido algunos alivios sexuales, le había hecho alguna paja o lo había autorizado a hacérsela él mientras me comía la almeja o el culo, e incluso una tarde, que estaba de particular buen humor al ver lo obediente que era, le hice una mamada que le dejó los cojones completamente secos, pero nunca le había consentido que me follase. Él seguramente pensaba que aquella noche se lo iba a permitir, pero no eran esos mis planes.
Entramos en la habitación y nos morreamos un poco. Lo desnudé y le refregué la polla para ponérsele más tiesa aún de lo que la tenía. Le dije que fuese él primero al baño para lavarse los dientes y aliviar la vejiga. Cuando regresó entré yo.
Salí desnuda. Toni estaba tan excitado que tenía la picha casi vertical. Le sonreí provocativa. Se acercó a mí y me abrazó.
—No tan deprisa, cariño, que tengo un regalo para ti.
Del bolso saqué unas esposas. Me miró perplejo.
—Ven aquí.
Empotrado en la pared, casi a los pies de la cama, había un armario para la ropa. Abrí la puerta y pase la cadena de las esposas sobre la barra para colgar las perchas de manera que las argollas de los grilletes pendiesen una a cada lado. Entonces le mandé al cornudo que se metiese en el armario, lo que hizo sentándose en la balda inferior, ya que de otro modo no cabía, y le ordené que levantase los brazos. Le puse los grilletes y le dije:
—Bueno cariño, ahora voy a llamar al hombre que me va a follar en mi noche de bodas para hacerme sentir mujer, pero no te preocupes, dejaré la puerta del armario abierta para que puedas vernos.
Le telefoneé a Efrén, que ocupaba la habitación de al lado, y en dos minutos estaba allí.
—Fóllame bien —le dije— porque tengo al cornudo de mi marido atado ahí, en el armario y quiero que aprenda.
Efrén le miró al cornudo, esposado en la barra de las perchas, y se rió. Inmediatamente me tumbó en la cama y empezó a lamerme todo el cuerpo y a comerme el chocho. Yo le mamé el rabo y cuando se disponía a metérmela le dije:
—No, espera. Fóllame así de cara al armario, para que el cornudo de mi marido pueda ver cómo lo haces, y métemela por el culo.
Me puse de frente hacia el armario y Efrén, por detrás, me metió su pollón en el culo después de ponerse el preservativo.
Me follaba salvajemente y yo gritaba con la vista fija en el cornudo, que tenía la boca abierta y la picha más tiesa que una palanca.
Cuando Efrén estaba a punto de correrse le pedí que esperase. Me saqué la picha del culo, le quité el preservativo y se la mamé hasta que se corrió en mi boca.
Guardé todo el semen dentro de ella, me levanté, cogí la cara de mi marido entre las manos y lo besé en la boca pasándole todo el semen de Efrén, que el cornudo se tragó.
Efrén regresó a su habitación y yo solté al cornudo para que fuese a aliviarse al váter. Volvió sonriendo, porque el pobre debía de creer que entonces le tocaba a él, pero lo esposé por una muñeca a la pata de la cama y allí lo dejé toda la noche, sobre la alfombra, mientras yo dormía.
Por si no le había quedado claro que era un cornudo, lo primero que hicimos por la mañana fue ir a casa de mi amiga Inés. Mandé al cornudo que se sentase en una silla del dormitorio mientras Inés y yo, sobre la cama, nos morreábamos y ella se descojonaba de risa cuando le conté de Efrén. Nos quedamos en pelotas delante del cornudo e hicimos el amor en la cama, un rico 69 comiéndonos mutuamente el chocho.
Al acabar le dije al cornudo:
—Hoy es tu noche de bodas y aún no has consumado el matrimonio. Ya es hora de que lo hagas. Desnúdate y ponte a gatas en el suelo.
Me obedeció. Inés se ató a la cintura un pollón de caucho, se arrodilló detrás del cornudo y le dijo:
—Ven, que voy a hacer de ti una mujercita desvirgada.
Se lo folló por el culo, y aunque al principio se quejó de que le dolía, luego, el hijo de puta de él, sin importarle la noche de cuernos que llevaba, gimió de placer porque se sentía como lo que era, un mierda al servicio de dos tías.

7 comentarios:

treinta dijo...

menudo descubrimiento inesperado ha sido esta página. saludos.

Anónimo dijo...

Hola, soy María José, mi marido también es cornudo sumiso y me gusta que mis amantes le den por el culo.
Ah, y a él le encanta.
Besotes.

Anónimo dijo...

y q hay q hacer para ser tu amante maría josé?

Anónimo dijo...

Hola me gusta ser cornudo y su miso,mi fantasia es que una mujer me coja por el culo,ahora estoy solo pero cuando estaba con mi mujer, me calentaba que me pusiera los cuernos en una ocacion hizo que me comiera el semen de un jovencito que le escurria de su preciosa y peluda pepa

Anónimo dijo...

hola soy cornudo consentido, me encanta coger la polla del q me va hacer mas cornudo y metersela en el coño de mi mujer, y despues de q se la folle comerle el coño

Anónimo dijo...

hola mari jose . me encanta q seais asi. besobtus pies yakul6969@gmail.com

Anónimo dijo...

Maria Jose soy como tu marido. Cornudo sumiso. Mariquita sissy me encanta que losamantes de mi mujer me follen a mi tambien mi nombre de nena es ANA